Hola a todos, antes de nada quiero decir que pues este es el primero de una serie de varios que les pienso relatar.
Ahorita, para evitar cualquier detalle no necesario, omitiré los nombres y la ciudad donde vivimos, lo único que quiero decir es que hablaré de mí y de una chava que fue mi pareja formal, pero bueno, a lo que vamos.
A ella la conocí cuando todavía estaba chavita, pero empezamos a salir más bien cuando ella ya tenía la edad de dieciocho años (yo soy más grande que ella como por dos años, aprox.). Trabajábamos juntos, y siempre me había llamado la atención. Es mejor dicho, una mujer común. Confiezo que no tiene un cuerpo espectacular, pero lo que tiene, junto con su forma de ser, la hacen notar a donde quiera que va.
Desde la primera vez que salimos porque la invité a un café, noté que había algo especial con ella; es muy desinhibida y a mí me sorprendía que una chava de esa edad lo fuera así. Por lo menos las que yo conocía no lo eran tanto. Total, que salimos, pedí prestado el carro, fuimos a tomar café, caminamos un buen rato en el centro de la ciudad y así pasó la noche. Como a las 11 de la noche salimos rumbo a su casa. En el estacionamiento nos besamos, y vaya que sabe besar muy bien. Me prendió con ese beso.
Al llegar a su casa, estacioné el carro y estuvimos platicando un rato más. Cuando ya era hora, se despidió y justo en eso nos volvimos a besar. Pero no quedó ahí, el asunto empezó a subir de temperatura y cuando acordé yo estaba acariciándole el pecho con una mano y con la otra, acariciaba la entrepierna. Teníamos más de una hora fajando ahí en el carro. Terminamos, ella quedó mojadísima y de mí ni se diga.
Desde entonces, pasó un poco de tiempo y formalizamos la relación; pero ya sabíamos para qué éramos buenos. Siempre fueron visitas muy pasionales cada que iba a su casa.
Generalmente, llegaba yo a su casa, saludaba a su mamá que me recibía y después “platicábamos” un buen rato en un estudio que estaba al lado de la sala. Pero eso era lo que creían sus papás. Realmente desde que nos veíamos en el estudio, sólo dejábamos pasar un poco de tiempo y empezaba un derroche de energía increible.
A ella le gustaba montarse sobre mí, dándome a acariciar su pecho. Le gustaba y la exitaba demasiado que yo la besara, le pasara la lengua por sus pezones, que la mordisqueara un poco. Mientras mis manos daban caricias a sus nalgas. En parte por eso me gusta ella físicamente, porque tiene unas buenas caderas y unas piernas preciosas.
Yo la apretaba hacia mí agarrándole las nalgas, nalgueándola, lengüeteando sus pezones. Ella, en ocasiones, explotaba literalmente. Y aunque casi siempre era así, no resultaba para nada rutinario, lo disfrutábamos muchísimo. Existían ocasiones en que ella me pasaba la mano y me acariciaba sobre el pantalón (no tengo que precisar a qué me refiero, ¿o sí?) pero no pasábamos a más. Yo también hacía lo mismo en ella, pero no había masturbación directa… todavía.
Esos momentos eran buenísimos, más cuando sabíamos que los papás ya se habían ido a dormir, pues lo hacíamos ya sin tanto temor a que entraran de pronto por la puerta y nos cacharan. Así es que ya nos relajábamos y disfrutábamos más. Ella se recostaba en el sillón o a veces sobre mis piernas y bueno, las caricias sobraban.
Por ahora es todo lo que quiero contarles, en los próximos días estaré contando la historia completa, pero paso a paso. Ojalá les llame la atención y se les antoje seguirme leyendo. Saludos.